Por Alejandro Sciscioli

Hay eventos que uno mide por las copas que cata, y otros que se miden por las sonrisas que sirve y las charlas que comparte. La Expo Vino 2026 volvió a encender las luces del Complejo Talleyrand Costanera para ofrecer la que es, sin lugar a dudas, la puesta en escena más importante y esperada del calendario enológico en Paraguay. Tres noches de vibración pura, copas en alto y un público cada vez más conocedor, exigente y entusiasta.

Sin embargo, debo hacer una salvedad honesta y transparente con los lectores: esta vez no traigo conmigo un cuaderno repleto de decenas de notas de cata detalladas, ni un recorrido exhaustivo de stand en stand. En esta ocasión, mi experiencia tuvo un matiz distinto, uno sumamente enriquecedor que me llevó a vivir la Expo, una vez más, desde el otro lado del mostrador.

Así es, estuve trabajando intensamente durante las tres veladas en el stand de Grupo ACSA, compartiendo de cerca con los asistentes, recomendando etiquetas y viendo en primera persona cómo el consumidor local se conecta con las diferentes propuestas, orígenes y estilos de nuestro mercado.

PublicidadPOCAS ETIQUETAS, GRANDES CERTEZAS. El ritmo vertiginoso de servir, comunicar y atender en un stand de primer nivel deja poco espacio para el deambular libre. Por ello, mis incursiones en la copa ajena fueron contadas y sumamente selectivas. Pude degustar pocas etiquetas este año, pero aquellas que pasaron por mi copa sirvieron para reafirmar el altísimo estándar que las importadoras aliadas están trayendo al país.

A veces, menos es más. Despojado de la maratón de catar por cantidad, cada sorbo de las pocas novedades que probé fue un ejercicio de disfrute pleno y de confirmación de que el mercado paraguayo sigue madurando hacia la fineza, el respeto por el origen y la búsqueda de perfiles con identidad gastronómica y frescura.

PublicidadEL PULSO DEL CONSUMIDOR. Trabajar la Expo desde el espacio de Grupo ACSA me permitió tomarle el pulso real a la feria. Ver la expresión de sorpresa de un asistente al descubrir un nuevo estilo, orientar a quien busca la estructura de un gran tinto o la sutil frescura de un blanco de altura, es una escuela fantástica para cualquier cronista del vino.

El público que asistió a las tres jornadas -incluyendo la exclusiva noche de apertura- no se concentra solamente en el estatus de la etiqueta, busca también historias, entender qué hay detrás del corcho y agradece profundamente cuando el servicio se hace con rigor técnico, pero con calidez y cercanía.

PublicidadLa Expo Vino 2026 volvió a cerrar sus puertas con la certeza de que la cultura del vino en Paraguay no tiene techo. Para este cronista, las tres noches se tradujeron en un maravilloso cansancio, la alegría de reencontrar a tantos amigos del sector y el orgullo de haber aportado un granito de arena, botella en mano, para que la magia del vino siguiera fluyendo en cada copa.
¡Salud y hasta la próxima edición, que seguro nos encontrará con más etiquetas por descubrir y más historias por contar!

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