Cada 4 de diciembre el calendario del vino reserva un lugar para la Cabernet Franc, una de las variedades tintas más influyentes de la tradición europea. Durante siglos fue la compañera silenciosa —pero esencial— en los grandes ensamblajes de Burdeos, y al mismo tiempo encontró en el Valle del Loira su territorio de mayor expresión como varietal. Hoy, además, vive un momento de expansión y prestigio en el Nuevo Mundo, con Argentina como uno de sus escenarios más dinámicos.
La elección de la fecha no es casual. El 4 de diciembre de 1642 falleció el Cardenal Richelieu, figura histórica inmortalizada en Los Tres Mosqueteros. Según reseñas históricas y referencias especializadas, fue él quien promovió el traslado de plantines de Cabernet Franc desde Burdeos, en particular del área de Libournais, donde hoy se ubican prestigiosas denominaciones como Pomerol y Saint-Émilion, hacia el Valle del Loira. Allí la variedad encontró un entorno ideal y consolidó su identidad, desarrollando un perfil elegante, de acidez marcada y notable expresividad aromática. Clic acá para acceder a la historia completa, contada en el blog Dracena Wines.
PublicidadEse recorrido histórico explica su doble naturaleza: por un lado, columna vertebral de blends bordeleses; por otro, protagonista varietal en el Loira. Y también ayuda a comprender su adaptación exitosa en regiones vitivinícolas del hemisferio sur, donde el equilibrio entre frescura y madurez ha permitido elaborar monovarietales de gran carácter.
En el mercado local, si bien no se consiguen Cabernet Franc del Loira, sí es posible acceder a muy buenas interpretaciones argentinas, además de interesantes vinos provenientes de la llamada “orilla derecha” de Burdeos.
Argentina, en particular, ha impulsado el reconocimiento de la cepa con ejemplares que combinan fruta roja nítida, notas herbales elegantes y estructura amable, atributos que la vuelven versátil tanto para el análisis sensorial como para el disfrute cotidiano.
PublicidadPara conmemorar la fecha, seleccionamos cuatro etiquetas presentes en Paraguay que merecen ser descorchadas. Más allá de estilos y orígenes, todas permiten apreciar por qué la Cabernet Franc ha dejado de ser solo un actor de reparto para ganar protagonismo propio en la copa contemporánea.
GRAN PULENTA. Elaborado íntegramente con uvas cultivadas en Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza, por Pulenta Estate. Posee una gran intensidad aromática que recuerda a pimiento rojo fresco y grillado, eucalipto y pimienta. Es seco, de taninos suaves, pero con gran cuerpo y personalidad. Su paso por barricas de roble francés nuevas durante 18 meses, aportan un elegante volumen y lo hace persistente en boca. Tremendo.
PublicidadSAINT FELICIEN. Es elaborado por la bodega argentina Catena Zapata con uvas cultivadas en la región de Agrelo, Luján de Cuyo, y San Carlos, Valle de Uco, ambas en Mendoza. Este vino tiene una rica e intensa nariz frutada (fruta roja), un toque de especias, un agradable dejo de vainilla y un leve punto herbal. En boca resulta equilibrado, con buena acidez, taninos redondos y buen cuerpo, obsequiando un final largo y bien frutoso. Tiene un añejamiento de 16 meses en 90% roble francés y 10% roble americano.
BRESSIA MONTEAGRELO. Walter Bressia es un veterano enólogo argentino que, de vinos, sabe mucho. Fundó su bodega familiar en Mendoza e hizo de la línea Monteagrelo un estandarte de los vinos BBB (buenos, bonitos y baratos). En este caso, las uvas provienen de Mendoza y, terminada la fermentación alcohólica, el vino tiene una crianza de 12 meses en barricas en barricas de roble francés. Es complejo en nariz y muy placentero en boca, con cuerpo y acidez equilibrados. ¡Un imperdible!
GRAN ENEMIGO SINGLE VINEYARD GUALTALLARY. Vale destacar que la cosecha 2013 de este vino elaborado por el enólogo Alejandro Vigil logró 100 puntos Robert Parker en 2018. Luis Gutiérrez, el catador de Robert Parker para los vinos de Argentina, entre otras procedencias, lo describió del siguiente modo: "El vino embotellado contiene quizás un 15% de Malbec en la mezcla, y pronto dejarán de mencionar Cabernet Franc en la etiqueta. Se fermentó en barricas de roble de 500 litros con el 50% del Cabernet Franc y todo el Malbec y luego maduró en fudres de roble usados. Es muy intenso y potente, pero al mismo tiempo, hay una especie de ligereza en el paladar que hace que se sienta liviano pero con un gran poder interno. En este caso vale aclarar que, según la legislación argentina, si un vino tiene 85% de un varietal o más, el productor no está obligado a presentar a esa etiqueta como ensamblaje.
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