Hay comidas que se disfrutan; la pizza se celebra. Finita o generosa, a la piedra o al molde, con queso en abundancia o en versión más ligera, con toppings clásicos o creativos. Preparada en casa, compartida en restaurante o pedida por delivery, su lenguaje es universal. Por eso cada 9 de febrero se rinde homenaje global a esta especialidad nacida en Nápoles que conquistó el mundo sin escalas.
La elección de la fecha tiene una historia curiosa: en 2017, una pregunta lanzada en redes sociales por el presidente de Islandia —sobre si la pizza debía llevar ananá— encendió un debate global. Ese mismo año, la tradición pizzera fue reconocida por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
Hay varias versiones en cuanto al nacimiento de la palabra pizza. Lo concreto es que este platillo, tal como lo conocemos actualmente, se originó en la ciudad italiana de Nápoles. Y de allí conquistó el mundo, sin escalas.
Más allá de polémicas y anécdotas, lo cierto es que pizza y vino comparten raíces italianas y una vocación natural por encontrarse en la mesa.
PublicidadCLÁSICOS DE PIZZERÍA, ARMONÍAS SEGURAS
Muzzarella. El estándar que nunca falta. La simpleza bien ejecutada pide vinos que acompañen sin complicar. Un espumante seco es una elección certera, y el Lambrusco —servido bien frío— ofrece ese equilibrio entre fruta roja y efervescencia que renueva cada bocado. Para quienes prefieren tintos tranquilos, un Malbec joven y frutal o un rosado fresco también encajan con naturalidad. Algunas ideas: CELLA LAMBRSUCO (tanto el tinto como el blanco), PUNTA DE FLECHAS MALBEC, TOMMASI VALPOLICELLA DOC, SAINT FELICIEN MERLOT, VIÑA EMILIANA BLEND BLANCO, ALMA MORA MALBEC, VILLA MARCELLO PROSECCO DOC BRUT.
Margarita. Tomate, mozzarella y albahaca en proporción justa. La nota herbácea invita a blancos de perfil fresco, como un Sauvignon Blanc de clima frío. Si se busca una lectura más italiana del maridaje, un Sangiovese joven aporta acidez y equilibrio. En clave refrescante, un Lambrusco blanco también sumará vivacidad. Algunas ideas: CELLA LAMBRUSCO, FAMILIA GASCÓN SANGIOVESE, MAZZEI POGGIO BADIOLA, PICCINI CHIANTI, ERRAZURIZ ESTATE SAUVIGNON BLANC, MONTES LIMITED SAUVIGNON BLANC.
Napolitana. Con o sin anchoas según la versión local, es una pizza de sabores definidos. Sin anchoas, un tinto ligero de buena acidez funciona con elegancia. Si están presentes, los blancos cobran protagonismo y un Albariño es una opción especialmente armónica. Algunas ideas: FONTERUTOLI CHIANTI CLASSICO, PICCINI CHIANTI SELEZIONE ORO, CASA BRANCAIA TRE IGT TOSCANA, MARQUES DE VIZHOJA RIAS BAIXAS, TOMMASI LE FORNACCI LUGANA DOC.
PublicidadPepperoni. Otra gran estrella de la carta (que nació y se popularizó en EEUU, no en Italia). Intensidad, especias y carácter. Aquí conviene pensar en tintos con algo más de estructura y perfil frutal —Malbec, Merlot o Carmenere—. Si el picante se impone, un espumoso seco o un Lambrusco bien frío equilibran la sensación en boca. Algunas ideas: D’ALAMEL RESERVA CARMENERE, JUAN BENEGAS MALBEC, CASA SILVA COLECCIÓN MERLOT, ALMA MORA SPARKLING, JUST BUBBLES PLEASE BRUT.
Cuatro quesos. Potencia de sabor y grasa en alta medida. La ecuación pide acidez y taninos que ordenen el conjunto: Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc o Syrah son alternativas consistentes. Quien prefiera una lectura más fresca puede apoyarse en la burbuja del Lambrusco para limpiar el paladar entre bocados o un Charconnay con barrica. Algunas ideas: PULENTA ESTATE CABERNET FRANC, VENTISQUERO GREY CABERNET SAUVIGNON, PAGOS DE QUINTANA RIBERA DEL DUERO CRIANZA, LAS MORAS GRAN SYRAH, NINA GRAN SYRAH, MIGUEL TORRES CORDILLERA CHARDONNAY.
PublicidadVERSIONES CONTEMPORÁNEAS
Con hongos. El umami desafía, pero no intimida. Pinot Noir, idealmente de clima frío o del Nuevo Mundo, acompaña textura y sabor. Bonarda o Merlot de taninos dóciles también funcionan. En clave refrescante, un espumoso seco o un Lambrusco aportan ligereza y contraste. Algunas ideas: COLONIA LAS LIEBRES BONARDA, VIU MANENT SECRETO PINOT NOIR, FINCA LAS MORAS VARIETAL BONARDA, MIGUEL TORRES ESTELADO BRUT ROSÉ.
Con frutos de mar. Para las “pizza-paella”, los blancos son territorio natural: Riesling aromático, Albariño o Chardonnay sin madera. Incluso un Jerez. La efervescencia seca —incluido el Lambrusco en versiones más ligeras— ofrece un contrapunto vivaz. Algunas ideas: PAZOS DAS BRUXAS RIAS BAIXAS ALBARIÑO, FAMILLE HUGEL CLASSIC RIESLING, VIÑA MONTES LIMITED UNOAKED CHARDONNAY, TÍO PEPE FINO.
PublicidadCon pollo y queso catupiry. Popular en Paraguay, combina proteína, cremosidad y grasa. Un Chardonnay con madera, un Viognier de buen volumen o un rosado a base de Malbec sostienen el conjunto. Si se busca frescura, la burbuja de un espumoso seco aporta dinamismo y equilibra la untuosidad. Algunas ideas: ESCORIHUELA GASCÓN VIOGNIER, JUST ROSÉ PLEASE, STUDIO by MIRAVAL, CLARA BENEGAS, ERRAZURIZ ESTATE CHARDONNAY, ELOÍSA VIOGNIER, SPARKLING ANGEL BRUT.
Vegetarianas. El maridaje depende del vegetal dominante. Rúcula y verdes intensos encuentran afinidad con Sauvignon Blanc o Albariño; brócoli, berenjena o locotes admiten rosados frutales. Un espumoso seco mantiene la experiencia ligera y versátil. Algunas ideas: MAIRENA NATURE ROSE, LUSCO ALVARINHO, VIÑA ESMERALDA BLANCO, SAINT FELICIEN MOSCATEL.
Con carnes rojas. Cuando la proteína manda, el vino debe estar a la altura. Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc o Syrah jóvenes sostienen la intensidad. Algunas ideas: ALAMOS MALBEC, PULENTA LA FLOR MALBEC, JUST MALBEC PLEASE, BRESSIA MONTEAGRELO CABERNET FRANC.
La pizza nació como comida popular y el vino, como compañero natural de la mesa. Porque celebrar la pizza es, en el fondo, celebrar el encuentro. Y si la copa acompaña con frescura y carácter, la experiencia se vuelve completa.