Por Florencia Parodi

El mundo del vino está poblado por Denominaciones de Origen. Palabras en la etiqueta que nos hablan de historia, de terruño, de un hacer preciso y apasionado. Priorat es una de ellas, ubicada en España, pero que además, es una de las dos únicas –Rioja es la otra- Denominación de Origen Calificada, el más alto estatus que pueden tener los vinos españoles.

En Priorat los vinos se elaboran principalmente con Cariñena (o Carignan) y Garnacha, aunque hay otras variedades autorizadas como la Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, entre otras tintas y también blancas. El Priorato tiene dos particularidades: las licorellas (láminas de pizarra) en el suelo y los viñedos en pendientes, que obligan a los productores a seguir técnicas tradicionales de cultivo y tal vez por eso, hay tanto amor en cada copa.


El Salmos, tesoro del Priorato que tenemos en el mercado local, proviene de la bodega Familia Torres, una de las más emblemáticas de la historia del vino español. Lo nombraron así en homenaje a los monjes de la orden de cartuja, quienes llegaron a la región en el año 1095 y fueron los responsables de iniciar el cultivo de la vid. Como dice nuestro editor, donde hay sacerdotes y religión, seguro hay historia de buen vino.

LO QUE NOS RECITA ESTE SALMOS. Compuesto por las dos uvas principales, Garnacha y Cariñena más la cepa Syrah, pasa por una fermentación en inox, y luego la maloláctica en roble. Posteriormente se cría 14 meses en roble francés.

Se desnuda en copa con un color rubí profundo y unos destellos violetas. Luego en nariz nos regala varias capas de aromas, que se van descubriendo a medida que agitamos la copa. A primera nariz se siente la vainilla que nos aporta el roble y un poco de caramelo, cuero, madera y chocolate. Pero si le damos unos minutos más en la copa (aunque cueste), empiezan a aflorar los frutos rojos, sobre todo mucha cereza y frutos negros como moras. Y cuando pensamos que no puede darnos más, hay aromas más especiados (será la Syrah tal vez) como a orégano seco.

Luego en boca su sabor es intenso, sus taninos sedosos pero bien firmes y el cuerpo robusto, para hacer frente a esos platos de nuestra cocina carnívora. Hay que animarse a maridarlo con un asado, con esa clásica costilla que se deshace por el tenor graso. Pero aún hay más, podríamos llegar a maridarlo con un postre con chocolate no muy amargo y por qué no, maridarlo simplemente con una buena conversación.

El final de este vino es largo, dejándonos en boca el recuerdo de un caldo delicioso, elaborado con sumo cuidado, desde el cultivo hasta la copa.

No me queda más que agradecer por este Salmos, a la bodega Torres por elaborarlo y a los monjes cartujos por inspirarlo.